PÁGINA PARA MEDITAR

 

 

Con motivo de las discusiones de la tiránica Ley de la LODE se tuvo una interesante conversación en el recinto universitario en­tre, uno de los estudiantes de Derecho y uno de los nuestros. Como la conversación es suficientemente orientadora para conocer "bien nuestro modo de ser, juzgo oportuno reproducirla en sus líneas fundamentales, para ayuda también de todos. Y para este año, también y para todos, mi más cordial felicitación de Año Nuevo.

 

J.-Pero vosotros de qué sois ¿-De derechas?

P.- No somos de derechas

J.- ¿Sois de izquierdas o de centro?

P.- No somos de izquierdas, ni de centro.

J.- ¿Pues que sois vosotros entonces?

P.- No somos ni de derechas, ni de izquierdas, ni de centro.

J.- Pues no lo entiendo.

P.- Comprendo que no lo entiendas porque tenemos otra concepción y como consecuencia empleamos otro lenguaje.

J.- Quieres decir que "pasáis" de todo...

P.- Tampoco es eso sino todo lo contrario.

J.- Ahora sí que lo entiendo menos.

P.- Voy a intentar que tengas a lo menos unas indicaciones por mi parte que te sirvan de hilo conductor para poder comprender­nos, si por tu parte hay un mínimo de buena voluntad. Tú di­rás si lo consigo.                                             ,

J.- Conforme y de acuerdo.

P.- ¿De dónde viene la izquierda?

Hombre si vamos a profundizar en la historia nos vamos a ir demasiado lejos... Creo que fue cosa de colocación cuando las Cortes Generales en Francia...

P.- No pretendo que subamos hasta Favila y sus osos. Pero veamos si te parece aceptable esta definición. Sería la izquierda, una actitud, mejor que un partido, para no entrar en particu­laridades políticas, que pretende la instauración de una so­ciedad libre, igualitaria, de plenitud humana, de progreso indefinido e internacionalista, superadora de los viejos es­quemas que han venido arrojando a la humanidad y en concreto a nuestra Patria, con los tabús religiosos, sociales y de in­tereses e injusticias, que no han hecho otra cosa que retra­tar el verdadero progreso.

J.- Me parece bien esa definición que haces de la izquierda,

P.- ¿Se podrá decir que la izquierda responde a un proceso histórico, a un proceso en realidad: revolucionario que lucha por crear un tipo de hombre nuevo?

J.- Sin entrar en demasiadas matizaciones podemos afirmarlo así.

P.- Y en un plano más amplio ¿podríamos decir que la izquierda se reconoce como la genuina heredera del movimiento filosófico, humanista de la Europa moderna, que arranca de la Reforma protestante, pasa por el Racionalismo y la Revolución france­sa, concluye con las viejas monarquías europeas y el orden medieval y desemboca finalmente en la revolución soviética, y la revolución liberal, en las formas más o menos compartidas de la social democracia?

J.- De acuerdo. La izquierda no es un invento de ahora. Es la creación de la Europa moderna y lo que aún hay que llevar a término.

P.- Vanos pues con la derecha. ¿Tú crees que se puede definir la derecha, como la corriente intelectual e histórica que a lo largo de estos últimos siglos y más reciente da estas últimas generaciones, no ha hecho más que ir a remolque de la histo­ria, que según tu concepción llevaba adelante la izquierda?

J.- Coincidimos fundamentalmente. Veo tu definición bastante acertada.                                                                                               

P.- Ósea que la derecha desde el mundo protestante, para poner una fecha tope, no ha hecho más que representar la concepción conservadora de intereses y por consiguiente, la postura sin imaginación y sin garra?

J.- No hay duda de que es así.

P.- Por lo tanto la derecha no es más que un fenómeno retardatario de las izquierdas, como el abuelito en la casa del matrimonio joven que está abierto a todas las ansias de progreso. Como el peso de la inercia, que es el peso de los intereses de grupos o personas, que es un lastre para avanzar.  ¿No es así?

J.- No hay duda.

P.- En definitiva podemos describir a la derecha, que llega en nuestros días a las formas elefantiásicas del imperialismo económico, de las multinacionales, del capitalismo burgués, como la corriente filosófica, intelectual, cultural y políti­ca que de hecho ha impedido por sus contrarrevoluciones, por sus frenazos y por su bloqueo de los poderes establecidos, que se pudiera acelerar el verdadero progreso del hombre en el sentido plenamente revolucionario de la historia.

J.- Si, así es.

P.- Entonces se identifica la derecha con el conservadurismo, con el tipo del conservador.

J.- Claro, evidente.

P.- Fíjate entonces en una cosa. Esto te lleva a admitir un ori­gen común a la derecha y a la izquierda. Son como dos melo­días que se superponen con diferente longitud de onda.

J.- No sé a qué te refieres ahora.

P.- Que si la izquierda tiene un "plan" muy bien trazado para orear un nuevo tipo de hombre al que quiere llegar a través de la revolución, y la derecha no hace, más que frenar esa marcha, ambas avanzan por el mismo camino, con paso diferente, a ritmos diferentes, como el tren que avanza con fatiga porque tiene los frenos agarrotados sobre los vagones de cola. La máquina y los primeros vagones los constituirían la izquierda.

J.- Bueno, si, de acuerdo. La derecha es toda esa superestructura cultural, de intereses económicos, de privilegios, de concep­tos sociales, de posturas políticas que responden a concepciones ya superadas, que se han quedado atrás. Todo lo que se queda atrás, podrá dificultar más o menos el avance, pero está condenado irremisiblemente a la muerte. Mejor aún, ya está muerto todo ello. Ahora bien, como historia no hay más que una, no tengo inconveniente en admitir que derecha e izquierda caminan en una misma dirección. Mejor diríamos, que una camina y que la otra es arrastrada por la izquierda. Pero quedará para los libros y el recuerdo, como las ruinas de Nínive.

P.- Creo que hemos llegado a una buena conclusión. Son derecha e izquierda inconciliables entre sí, pero ambas conviven, se  entrelazan y aunque tienen funciones opuestas están embarcadas en la misma marcha de la historia, como os agrada decir a vosotros los izquierdistas, ¿Acierto?

J.- Te dije que sí, que esa es la realidad. Pero ¿a qué aludes cuando me hablas con cierto retintín de lo de la "marcha de  la historia".

P.- Es para acerté aclaración, porque hablas de una manera como dogmática y absoluta. Cuando hables de la historia debes referirte a la que de  hecho ha sucedido. Pero al ser la historia fruto de la libertad del hombre, lo que de hecho sucedió pudo haber sucedido de otro modo.

J.- Bueno pero ahora no estamos tratando del sujeto de la histo­ria, y si te parece dejemos este tema. Bástenos haber llegado a una plataforma de coincidencia. La izquierda es la revoluci­ón y la derecha lo conservador. La izquierda es la juventud del mundo y de la historia y la derecha es la vejez y su negación.

P.- ¿Te parece que hablemos del centro?

J.- No merece la pena. El centro no es más que una derecha vergon­zante, que quiere lavarse la cara con unas concesiones coyunturales, para poder seguir siendo derecha conservadora, retrógrada, retardataria. El centro es la sublimación del complejo de inferioridad dé la derecha, la hipocresía política de toda su psicología de, conservadurismo, decantada por la pasión se­nil de mantenerse en el poder. Y ahora te pregunto: ¿Sois fa­chas?

P.- Son ultraderechas como los llamáis vosotros. En todas partes hay "ultras".

J.- No me digas que en la izquierda hay también "ultras"..,

P,- Claro que los hay. Están para hacer de muerto a la derecha más radicalizada. ¿No has oído hablar de las diferentes faccio­nes del partido comunista, por ejemplo, de los maoístas, de  los dogmáticos leninistas, frente a los eurocomunistas? Son los "ultras" del partido comunista, la facción más avanzada hacia la revolución que urge.

J.- ¿Entonces según tú, no hay más que derechas e izquierdas con más o menos fiebre en sus respectivas posturas?

P.- Es así y tienes que reconocerlo si eres sincero, No puedes señalar otra posición distinta.

J,- Bien, y ¿a dónde vas a parar?

P.- Te voy a responder a lo que me preguntaste al principio. No somos, ni queremos ser ni de izquierdas ni de derechas, ni de centro, ni de esto ni de aquello. Nuestra actitud intelectual, espiritual, va por otro camino completamente diverso de ese amasijo da izquierdas y derechas.

J.- Vamos al final va a resultar que os queréis salir de Europa.

P.- Exactamente. No queremos ser solidarios de una construcción de Europa que se hizo con el objetivo de destruir la Civilización cristiana que llamamos Cristiandad. Quermes ser anteriores espiritualmente a ese mundo desquiciado que de tumbo en tumbo ha venido desde la reforma protestante a los doscientos millo­nes de muertos de la última guerra mundial. La Europa de Lutero, de Voltaire, de Carlos Mari, Rousseau y de Lenin no es la nuestra. La Europa de los latrocinios del capitalismo, de los campos de concentración, de la democracia liberal y del fas­cismo, no es la nuestra. La Europa de las obsesiones naciona­listas y del marxismo y la revolución soviética, no es la nuestra.

J.- Pero todo eso es una tontería. Vivimos en el siglo XX.

P.- Vosotros os consideráis orgullosos de toda esa Europa y de su legado revolucionario. Y queréis llevarlo al extremo final con la desaparición de toda religión. ¿Es o no es verdad?

$,- Pero si no sois solidarios de ese mundo, después de cuatro siglos, ¿no me vas a decir, tú y los que pensáis como tú, que habéis caído de un platillo volante y que procedéis de un mundo extraterrestre?

P.- No somos solidarios como tú dices de esa Europa. Somos solidarios de la Cristiandad. Oprimida por las fuerzas que han ido dominando Europa, ha seguido viva y operante en millones de hombres, la idea de la Cristiandad. Cristiandad es la organi­zación de todos los pueblos bajo la verdad revelada de que todos los hombres somos peregrinos hacia la verdadera patria del cielo, y debemos construir la tierra digna morada del hombre libre, redimido y llamado a la salvación.

J,- Pero esto es religiosismo, y estamos hablando de cosas humanas.

P.- Millones de hombres, han trabajado en Europa para que no se pierda la idea de Cristiandad, para que llegue un día feliz para todos los habitantes de Europa y de todo el mundo en que se pueda reconstruir lo que se destruya de la Cristiandad por todo lo que ha venido donde el Protestantismo hasta aquí. Es­to no es religiosismo. Esto es trabajar con un ideal religioso, en la construcción de un mundo, que no se asfixia con de­rechas e izquierdas y con guerras aniquiladoras de la especie humana.

J.- Pero no soñemos, no hablemos de historia-ficción. Estamos en el mundo socialista o en el mundo capitalista. No busquemos evasiones de psicópata. Todo lo que me dices es un sueño, es salirse por la tangente, huir de la realidad.

P.-. Amigo, la realidad cambia. El hombre libre es capaz de cambiar el curso de los acontecimientos y Dios puede en un momento inesperado, hacer coincidir unas personas o unas circunstancias que den un vuelco radical a la marcha de los hechos.

J.- Pero esto hoy: es imposible. No vais a ningún lado. La enfer­medad de la nostalgia de la inadaptación. Os quedareis en la cuneta, seréis bichos de museo.

P.- Muy al revés. La realidad en el siglo I era Nerón y el colosal imperio romano. Pedro y Pablo vivían en la cárcel y murieron bajo la fuerza de aquellos tiranos. Hoy sobre las ruinas del colosal imperio, se levanta la cúpula que cubre el sepulcro de S. Pedro.  El pueblo judío, vivía la realidad de su destierro en Babilonia. La realidad era el imperio invencible de Nínive. Hoy el pueblo judío ha recuperado su patria, y es uno de los árbitros políticos de todo el mundo. Colón era un iluso, porque quería llegar a Asia por Occidente. Y en su ilusión, se circunvaló la tierra y se descubrió el continente americano. D. Pelayo era otro iluso en Covadonga. Su pobreza le hacía vivir en las cuevas con las alimañas. La realidad era el Califato omnipotente de Córdoba. Ocho siglo después, Granada se cubría con el estandarte de los Reyes Católicos y España era la primera potencia cultural y militar del mundo.

J.- ¿Queréis que volvamos al S. XIII?                                    

P.- Lo que queremos es que los hombres librea, puedan seguir caminando en una sociedad libre, sin estar sometidos a los poderes tiránicos de las derechas y de las izquierdas, como en las tiranías democráticas, socialistas, totalitarias y marxistas de hoy. No queremos que la historia vaya hacia atrás, lo que queremos es que precisamente avance, progrese, adquiera nuevas cotas de libertad, bienestar y felicidad. Que se con­cluya la historia comentada en los siglos de la libertad y se siga la construcción de la ciudad terrena a medida del hombre real y no de las entelequias socialistas, marxistas o libera­les.

J.- Según vosotros tendremos que vivir todos en catedrales y de­dicados a construirlas... No me interesa esa civilización...

P.- Eso es mentira. Las catedrales las edificaron sociedades li­bres para progresar en el camino de la libertad. Loe campos de concentración, las cámaras de gas, los barracones de la muerte, loa misiles intercontinentales, la locura del holocausto atómico, lo han hecho hombres esclavos para matar esclavos, Han prostituido hasta la ciencia y la técnica, convertida en arte de matar, ¿te entusiasma una sociedad que a oreado todas esas maravillas, más que la que ha levantado los símbolos del arte, de la libertad y de la unión de los hombres en el ver­dadero espíritu de la Cristiandad? No queremos volver atrás, lo que queremos es seguir, avanzar...

J.- Pero eso es cosa de ilusos, y permite que te lo diga. Son po­quísimos los que piensan así.

P.- Te equivocas una vez más. Serán pocos los que sepan formularse las cosas de esa manera, por así decir en voz alta y razonándoles de una manera lógica y con conocimiento de la historia. Pero son millones y millones de hombres, la mayor parte de los hombres del mundo entero, los que están hartos de este tingla­do al que ha venido a parar nuestro mundo llamado moderno, que no ha hecho más que resucitar la esclavitud de las pirámides y de los faraones. Millones de obreros en Polonia, en Rusia, en España, en toda Europa, en América en el Japón y en la India y China; millones de hombres de condición negra en África, vejados y oprimidos por la tiranía capitalista y marxista. Todos esos millones de hombres, están en su subconsciente esperando que se derrumbe" definitivamente' le realidad presente, para dar lugar a algo nuevo. Una nueva humanidad, que viva libre y armónica en un mundo nuevo, hecho a medida del hombre, en el que el hombre sea dueño y señor, y no un esclavo de otros hombres o de las cosas.

J.- Bien,' Veo que sois  contestatarios de todo. ¿No es así?

P.- No. Contestatarios de un mundo que se ha apartado del proyecto inicial. De un mundo que no ha avanzado, sino que ha retrocedido hacia el terror de loa primitivos hombres ante el incendio del primer bosque.

J,- Pues esa civilización de la que abomináis ha llegado a la luna.

P.- Si y al suicidio nuclear. Ha fabricado también jabón de grasa humana en los campos nazis de concentración, ha frenado el crecimiento de población en Rusia en más doscientos millones de seres. Es la civilización que se autodestruye con la droga y el descuartizamiento de los niños antes de nacer. Es en, verdad el avance hacia el cementerio. Me ridiculizabas antes con lo de la catedral. Hoy hasta el Kremlin guarda celo­samente las catedrales. ¿Qué es mejor, construir la catedral de San Boleslao o de Reims  o de  Burgos, o construir un Persing II a un SS. 20 con cabezas nucleares de más poder que cien bom­bas de hidrógeno?

J.- ¿Entonces no hay nada que hacer?

P.- Empezar a reconstruir desde la verdad, al hombre, y luego vendrá lo demás.

J.- Y ¿dónde está ese proyecto que decía está abandonado?

P.- A pesar de la persecución, a pesar de las marginaciones a que nos ha sometido el mundo de las izquierdas y de las derechas, nunca le han faltado al pueblo, pensadores, santos, intelectuales, hombres fieles a la tradición y en último término mártires. Ellos han mantenido el fuego sagrado y hoy por la gracia de Dios sabemos bien claro qué es lo que hay que hacer para esa reconstrucción. San Ignacio, Santa Teresa, San Pió X, el Beato Ezequiel, canonizado por Pablo VI, San Maximiliano Kolbe, canonizado por Juan Pablo II, nada tienen que ver con Lutero, Calvino, Robespierre o Stalin. Tampoco Vázquez de Mella, Donoso Cortés, Menéndez Pelayo, Balmes, y Pio XII nada tienen que ver con Hitler, ni con Bismarck, ni con Richelieu. Y lo mismo te podría decir de contemporáneos nuestros. La derecha y la izquierda se han quedado como objetos inservibles.

 

J,- ¿No crees que todo eso es como un afán de hacer Historia Sa­grada? No sé si me explico...

P.- Ante el enorme fracaso actual que es un fracaso en todos los órdenes, los hombres buscan reencontrarse de nuevo con la verdad, convencidos de que sólo la verdad les hará libres. Eso no es Historia Sagrada, sino la verdadera historia de los hombres que por la bondad de Dios se hace sagrada al corres­ponder el hombre al ideal de Dios. Ten presente que hemos de hacer a este mundo primeramente humano y de humano divino.

J,- ¿Como llamáis a ese ideal que ya veo que más que político y social, es global, es por así decir de la totalidad de la di­mensión del hombre como ser social y como persona?

P.- Es lo que llamamos trabajar para la realización de la sobera­nía social de Nuestro Señor Jesucristo,

J.- ¿Y en qué consiste, por así decir de una manera sintética?

P.- En que todas las naciones, todos los pueblos, todas las ins­tituciones públicas, reconozcan a Jesucristo como fuente de inspiración de todos sus actos, y sean regidas por la doctri­na de Jesucristo. Restaurar e instaurar todas las cosas de la vida de los hombres en Jesucristo,

J.- ¿Ocurrirá esto alguna vez? ¿No es un proyecto utópico?

P.- Como todas las cosas humanas, tendrá siempre en sí imperfecciones y limitaciones, porque no hay más que una Jerusalén sin defecto alguno que es la ciudad de Jerusalén del cielo. Pero es tarea nuestra preparar esos caminos y vivir ese ideal con ilusión. Este mundo no está abocado a su autodestrucción. Es­te mundo tiene una salida, y tiene remedios y soluciones a to­dos sus males. Hemos de trabajar para que Jesucristo sea Rey y Señor de toda la sociedad. Entonces vendrá la paz y la li­bertad que anhelan todos los hombres.

J.- Veo que tú estás ilusionado con lo que me dices,

P.- Te diré que muchas veces yo pienso: Si el Señor Jesús que me convirtió de mi vida de pecado, cambió mi pensamiento y mi co­razón para pensar así, ¿por qué no puede cambiar la sociedad por entera en su día, que tal vez no esté lejano? Lo que no es posible para los hombres, es posible para Dios,

J,- No con afán de quitarle importancia a lo que dices, sino por curiosidad ¿Sois muchos los universitarios, y jóvenes obreros o estudiantes los que pensáis así?

P.- Sí, somos muchos. Nuestro Centro de Chicas y Chicos, de San Luis Gonzaga tiene está manera de pensar y está ilusión, Pero te digo que son miles y miles en toda España y en todo el mun­do, los que estamos unidos por esta idéntica forma de sentir y concebir las cosas. No hay diferencian da razas ni de pueblos o continentes. Trabajemos todos nosotros, seamos muchos o pocos, que eso no importa. Que el Reinado social de Jesucristo en la tierra, sea fruto de nuestro trabajo que para poco sir­ve, y sobre todo nuestra súplica y el regalo de Dios a nues­tra incapacidad.

 

P. José Mª Alba Cereceda S.J. + enero 1984